Encabezando esta opinión se encuentra Joan Costa, que mediante diferentes artículos defiende que aunque arte y diseño tengan parecidos, éstos son tan sólo formales. En “La eterna e inútil discusión” Joan Costa elabora un diálogo entre dos personas, en el que se debate sobre el tema:
“- Entonces, si hablamos de arte, ¿tenemos que pensar en belleza, en una cierta poética?- La belleza o la poética es lo que a menudo es la razón de la obra de arte. La belleza, o incluso la fealdad, es al arte lo que la estética es al diseño. Pero una estética funcional. El diseño no es arte pero vive de él porque se alimenta de sus diferentes estéticas. De ahí vienen las confusiones”.
Un aspecto esencial que diferencia las dos prácticas es la propia naturaleza de cada una de ellas, es decir, la finalidad u objetivo que tienen. Por un lado, el arte se produce tras determinadas sensaciones del artista y en palabras de Costa, “no se conforma con el mundo sino que se le opone”. Esta misma línea sigue Reinaldo Leiro y afirma que las divergencias se encuentran en los fines de cada actividad, “el arte tiene como fin plantear los problemas y el diseño resolverlos”.





